Extracto del artículo de Pedro Sarmiento en Scherzo sobre el Festival/Congreso ‘Art in my Backyard’
Arte social en Utrecht
Buena parte de las respuestas las encontré en el Festival-Congreso (www.community-art.nl) organizado en Holanda por el Community Art Lab del Tratado de Utrecht, una iniciativa de cuatro artistas-profesores-investigadores (Rien Sprenger, Eugene van Erven, Maria P. van Bakelen, Jet Vos) que han conseguido reunir ejemplos y personas de distintos puntos del mundo para impulsar un movimiento de arte social que es probable que exista desde el principio de los tiempos, pero que hoy podría adquirir una dimensión mayor gracias al diálogo internacional que ellos han propiciado.
Este arte social, que recibe en inglés el nombre de community art, alcanza todas las caras de la desgracia: etnias exterminadas, campos de refugiados, ciudades en guerra, emigrantes de todos los orígenes, grupos racialmente discriminados y un largo y triste etcétera en el que por supuesto están incluidos los pobres. Las formas de expresión artística que permiten a todos estos grupos hacer su arte trágico, serio, burlón, cínico o festivo son todas las formas de arte imaginable. Aunque el festival estaba centrado en la expresión teatral, lo cierto es que la música, la danza, el cine y otras han estado presentes con fuerza.
La fuerza del proceso
El arte social es multiforme y llega a colectivos imposibles de enumerar: alcohólicos, presos, personas con discapacidad, enfermos… Se puede decir que en él tiene cabida toda forma de arte en la que un colectivo deprimido se expresa. Enlaza con las ideas pedagógicas que atribuyen más importancia a la experiencia y al proceso que al resultado, sin que ello quiera decir que el resultado no interese. De hecho, algunos de los espectáculos que se han podido ver en Utrecht han tenido una calidad artística y un impacto estético y emocional que ya quisieran para sí muchas iniciativas profesionales. Pienso que incluso formas de arte profesional con un carácter de denuncia social palidecen y pierden credibilidad frente a lo que puede decir sobre un escenario un grupo de jóvenes refugiados políticos. Es difícil competir en intensidad con la fuerza de la canción que se canta en un cayuco a un recién nacido, cantada en escena por su madre.
El arte social enlaza con el derecho a expresar y a hacer sin que sean otros quienes decidan qué debemos hacer. François Matarasso dijo en el congreso que uno de los retos de los programas de arte social era precisamente el de poner en manos de estos colectivos la capacidad de gestión y decisión de sus proyectos artísticos, en lugar de mantener la posición paternalista de decidir por ellos.
Las iniciativas que existen en España catalogables como arte social son innumerables, pero es probable que muchas de las personas que las han generado ignoren que podrían estar formando parte de un movimiento internacional de grandes dimensiones. A veces ni siquiera existe conexión entre los propios creadores de proyectos en España. Las diferencias entre actividades (enfermos, inmigrantes, barrios deprimidos, jóvenes o niños en situación de exclusión social, mujeres maltratadas, etc) podría propiciar un distanciamiento que sería deseable comenzar a invertir. Invito a las personas interesadas en formar parte de un diálogo nacional e internacional a utilizar la dirección de correo electrónico que aparece al final de este texto como un punto de encuentro. El objetivo sería dotar de una mayor identidad colectiva a este tipo de proyectos, reforzar su situación y dar los pasos hacia una representación del trabajo que en España se está haciendo en este campo en el próximo congreso internacional que se celebrará dentro de dos años. Mi función en este sentido sería la de un intermediario, pero una posibilidad más directa es la de contactar con los organizadores del festival en community-art@vredevanutrecht.nl. Hace falta dar a conocer los proyectos y conocer lo que se está haciendo en el ámbito internacional.
La expresión artística no sólo tiene sentido y utilidad entre los pobres y entre los más oprimidos, sino que la legitimación del arte como forma insustituible de expresión podría venir precisamente de su capacidad para filtrar, amplificar, desnudar y transformar el mundo que nos rodea. La situación de nuestros ocho millones de pobres nos debe hacer pensar hasta qué punto el modelo de éxito democrático que estamos creando se olvida de que el arte no es un lujo, sino una necesidad. Así lo indica la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Fue una experiencia inolvidable asistir a este congreso que con tanto acierto patrocinaba la organización del Tratado de Utrecht. Espero que en el futuro congreso la representación española pueda asistir y constatar un visible crecimiento de las actividades artísticas en general y del arte social en particular.
Pedro Sarmiento